jueves. 16.07.2026

OPINIÓN | ¿Pirómanos en los despachos?

Tras el alcalde de Trasmiras, la imagen de los vecinos de Vilar de Lebres, combatiendo las llamas con lo que podían.
Tras el alcalde de Trasmiras, la imagen de los vecinos de Vilar de Lebres, combatiendo las llamas con lo que podían.

Hay decisiones políticas que sobrepasan la negligencia administrativa para adentrarse directamente en el terreno de la inmoralidad, la provocación y la amnesia criminal. Lo ejecutado por el alcalde de Trasmiras, Emilio José Pazos Ojea, al promover una pira festiva en suelo muy próximo al forestal, bajo la peor alerta climática imaginable, es un monumento a la irresponsabilidad más absoluta. Prender fuego cerca del monte de forma institucional cuando el termómetro y el Índice de Riesgo Diario de Incendio (IRDI) claman auxilio es un acto que carece de la más mínima cordura y que sitúa a este regidor al margen de cualquier principio de prudencia.

Pero más allá de la flagrante vulneración de la Lei 3/2007 de prevención e defensa contra os incendios forestais de Galicia, lo que verdaderamente revuelve el estómago de la comarca de A Limia es la indiscutible falta de empatía y la amnesia selectiva de este Gobierno local. ¿Cómo es posible que un alcalde haya olvidado ya que hace apenas unos meses la parroquia de Vilar de Lebres estuvo a punto de ser devorada por la llamas? ¿Se olvidó ya del recibimiento que le dieron cuando llegó varias horas tarde y el fuego ya estaba en las casas? ¿Dónde queda el respeto hacia esos vecinos que vieron las lenguas de fuego lamer los muros de sus explotaciones ganaderas, temiendo perder el sustento de toda una vida mientras defendían sus casas con cubos de agua? Organizar una fiesta con fuego sobre la misma tierra que aún huele a quemado es una humillación hacia las víctimas de la última catástrofe estival.

Mientras homólogos provinciales como Luis Menor en O Pereiro de Aguiar -su presidente provincial y de partido- demostraban la estatura que se le presupone a un gestor público suspendiendo los fuegos de forma tajante, en Trasmiras se optó por el populismo más rancio y peligroso

Esta temeridad constituye, asimismo, un desprecio infame hacia el cuerpo de profesionales de extinción. El alcalde parece haber borrado de su memoria la imagen del vehículo calcinado por las llamas en ese mismo incendio crítico; un suceso en el que varios trabajadores públicos corrieron riesgo extremo por salvar el municipio de la destrucción. Que el máximo mandatario de un ayuntamiento monte un espectáculo piromaníaco en el monte, obligando además a los agentes del Distrito Forestal a hacer de niñeras de una imprudencia ilegal en lugar de estar vigilando el territorio, es una falta de sensibilidad humana que inhabilita políticamente a quien firma el permiso.

Mientras homólogos provinciales como Luis Menor en O Pereiro de Aguiar -su presidente provincial y de partido- demostraban la estatura que se le presupone a un gestor público suspendiendo los fuegos de forma tajante, en Trasmiras se optó por el populismo más rancio y peligroso. El rural gallego no necesita alcaldes que desafíen a la meteorología ni jueguen a la ruleta rusa con el patrimonio forestal. Se necesita memoria, humanidad y un mínimo de decencia para con aquellos que todavía sufren las secuelas psicológicas y económicas del fuego. Lo de esta noche no ha sido una fiesta; ha sido una absoluta provocación.

OPINIÓN | ¿Pirómanos en los despachos?