Su alcalde ignoró el ejemplo de su presidente Luis Menor en Pereiro de Aguiar

El Concello de Trasmiras juega con fuego al organizar una hoguera en pleno monte con riesgo extremo de incendios

Hogueras de San Xoán en Trasmiras, esta pasada noche. | FOTO: Xosé Lois Colmenero.

Con el monte gallego al borde del abismo, el Concello de Trasmiras decidió liderar un ejercicio de temeridad institucional que desafía cualquier lógica preventiva. La administración local no solo desobedeció la alerta máxima por riesgo extremo de incendios en la que se hallaba todo su territorio, sino que organizó y promocionó -el propio alcalde, Emilio José Pazos- una hoguera festiva en pleno monte, situándose al margen del criterio de prudencia seguido en el resto de la provincia de Ourense y vulnerando de forma flagrante lo estipulado en la Lei 3/2007 de prevención e defensa contra os incendios forestais de Galicia.

 

"En caso de que el índice de riesgo diario de incendio forestal sea extremo, el ayuntamiento no podrá autorizar la utilización de artefactos que lleven aparejado el uso del fuego, fuegos de artificio, globos y artefactos pirotécnicos. En los casos de que el índice de riesgo diario de incendio forestal sea extremo el día de la celebración, se entenderán revocadas las autorizaciones emitidas con anterioridad" (artículo 37 de la Ley 3/2007, de 9 de abril, de prevención y defensa contra los incendios forestales de Galicia).

"3. En los terrenos forestales, durante la época de peligro alto, no está permitido fumar o hacer fuego de cualquier tipo en su interior o en las vías que los delimitan o atraviesan" (artículo 37, punto 3, de la Ley 3/2007, de 9 de abril, de prevención y defensa contra los incendios forestales de Galicia).

 

La gravedad de los hechos adquiere tintes de escándalo al analizar el papel del Distrito Forestal de la zona. Es inconcebible que la jefatura del distrito, cuya misión fundamental es velar por el cumplimiento estricto de la normativa de seguridad y la protección de los recursos naturales, no solo no prohibiera de forma taxativa la realización de esta fogata comunitaria con un Índice de Riesgo Diario de Incendio (IRDI) en nivel 5, sino que además accediera a destinar agentes forestales para controlar y tutelar la quema festiva. Movilizar recursos públicos para supervisar una actividad expresamente prohibida por la legislación autonómica en jornadas de riesgo extremo constituye un precedente inaceptable y una grave dejación de funciones en materia de control ambiental.

El comportamiento del alcalde de Trasmiras resulta todavía más injustificable si se compara con las decisiones adoptadas en otras demarcaciones ourensanas que compartían idéntico nivel de peligro. El propio presidente de la Deputación de Ourense y alcalde de O Pereiro de Aguiar, Luis Menor -compañero del alcalde de Trasmiras en las filas del Partido Popular-, en base a su experiencia y a la más pura cordura, dictó un decreto de urgencia para suspender la totalidad de las hogueras de su municipio. Conviene recordar que Luis Menor ejerció como director xeral de Emerxencias e Interior de la Xunta de Galicia, poseyendo un conocimiento técnico riguroso de la gestión de catástrofes; un bagaje que le llevó a priorizar, de manera inmediata, la seguridad ciudadana y la integridad forestal. Por el contrario, el regidor de Trasmiras optó por actuar a la inversa, asumiendo un peligro innecesario sobre un suelo que todavía arrastra las cicatrices de la destrucción.

Vecinos de Vilar de Lebres, en Trasmiras, el pasado 16 de agosto, asediados por las llamas. | FOTO: Noelia Caseiro.

La falta de memoria histórica y la desobediencia civil desde las propias instituciones adquieren tintes dramáticos en un municipio que el pasado verano vivió capítulos de extrema gravedad. Los residentes de A Limia recuerdan con nitidez los incendios forestales que asediaron la parroquia de Vilar de Lebres, donde las lenguas de fuego estuvieron a punto de reducir a cenizas una explotación ganadera y donde la virulencia del frente llegó a atrapar y calcinar por completo el vehículo de un particular que colaboraba en las labores de extinción. Desatender estos antecedentes inmediatos para encender una pira en el monte representa una provocación y una absoluta falta de respeto hacia los vecinos y hacia los profesionales que arriesgan sus vidas en la extinción de fuegos.