lunes. 18.05.2026

OPINIÓN | ¿Podría haberse evitado esa muerte?

Estado del río Limia a su paso por la villa, en una zona próxima al lugar en el que fue hallado el cuerpo de Javier. | FOTO: Noelia Caseiro.
Estado del río Limia a su paso por la villa, en una zona próxima al lugar en el que fue hallado el cuerpo de Javier. | FOTO: Noelia Caseiro.

Lo más ingrato de vivir una profesión como la que le ocupa casi 24 horas al día a quien suscribe es permanecer a pie de campo -o de río- y ser testigo en primera persona del rescate de un cuerpo sin vida al tiempo que comienzan a oírse los llantos de los familiares más directos.

Esa experiencia, que tardará tiempo en borrarse -si es que lo hace del todo-, me ha llevado a desgajar un par de reflexiones que compartir, por si de aquí pudiesen evitarse lances similares futuros. 

Se sabe que hubo quien vio correr al malogrado hombre ese sábado a mediodía, día de feria en Xinzo. Seguro que no fueron pocos. Concretamente uno, por las investigaciones se desprende que un menor de edad; acabó situando casi con total exactitud el lugar por donde Javier pudo haberse precipitado -o lanzado- al cauce del Limia. Tanto fue así, que desde que tuvimos conocimiento de su desaparición -por la denuncia formulada el domingo a última hora del día-, el dispositivo de búsqueda se centró, sin moverse, en el punto indicado por el joven. 

No estaba errado. El cuerpo de Javier apareció unos 25 metros aguas abajo de por donde se había introducido el primero de los especialistas de la Guardia Civil. En línea recta y perpendicular al lugar, en el paseo, en el que se encontraban sus familiares. Ellos no fueron conocedores del hallazgo. El agente se encargó de arrastrar el cuerpo hasta un punto donde poder hacer pie y llevarlo a la orilla. 

Nunca sabremos con exactitud qué ocurrió esa mañana de sábado. Por respeto a la memoria de Javier, que ya no está para defenderse; y a sus familiares, todos aquellos que a veces vierten comentarios contra los que informamos con veracidad, por cruda que la realidad sea, deberían dejar de hacer circular rumores de todo tipo y suposición en sus propias redes o grupos de Whatsapp. 

Lo único incontestable es que un testigo vio a Javier un sábado, y su cuerpo apareció un lunes. Como sociedad deberíamos reflexionar sobre ello.

Más incontestable es también que una vida vale muchísimo más que cuatro especies autóctonas de hierbajos y no se sabe qué más fauna a la que proteger en el cauce de un río. Sobre todo, si ese río transita por una villa gobernada por Ejecutivos locales -presentes y pasados- que nunca se han molestado lo más mínimo en reparar o añadir -según el caso- postes y traviesas de madera en sus orillas. 

Ya sabemos que siempre se acaba culpando a la Confederación Hidrográfica, competente en la materia, del estado del Limia. Quizás una interpretación lógica de la responsabilidad llevaría a ejecutar actuaciones de limpieza del cauce, aunque para ello se hiciese peligrar un poco su ecosistema.

Nunca sabremos qué le ocurrió a Javier. Tampoco si un estado del Limia distinto al que presenta en la actualidad hubiese rebajado un riesgo fatal.

Las autoridades nos tienen acostumbrados a actuar tras la desgracia. ¡Apliquen una vez más la máxima!, ya que esta vez, una más, llegan tarde.

OPINIÓN | ¿Podría haberse evitado esa muerte?