A Saínza también reconoce a Palestina | NOTICIAS XINZO
Reino Unido, Canadá, Australia, Portugal, Francia... Y este domingo, A Saínza. Sí, esa república independiente de las de todas sus casas en las que se convierte parte del territorio de Rairiz durante cuatro días acaba de reconocer al estado palestino el mismo día en el que parte de sus combatientes cedían propiedades, bajo la espada, a las huestes cristianas ante la impávida mirada de las autoridades locales.
Vaya, que salvando enormemente las distancias -que las hay y mucho porque la cuestión de los territorios ocupados en la franja merece mayor y sesudo análisis-, lo mismo que ocurre actualmente en varias latitudes planetarias. Escaramuzas, guerras intestinas, banderas que se deponen, víctimas inocentes -lo peor de todo ello-, y pasividad de todos aquellos que tienen la varita de hacer una existencia mejor para todos.
Todo el mundo acude a la Saínza, o al menos eso creo, fundamentalmente a dos cosas: comer -y beber- y ver como caen los impíos. Servidor lo hace exclusivamente por la eucaristía. Luego ya, una vez allí, recorre un poco todo lo que ofrece esta centenaria romería hasta dar con chapas de Ábalos al lado de la del nuevo papa o el difunto Jesús Gil.
No hay frase que no repita en cada una de las crónicas que destilo tras un domingo -casi siempre previo- al gran día de la Merced. Pero, la que más identifica a esta fiesta es, precisamente, aquella de que "A Saínza nunca defrauda".
Siempre es así. No falla, como el cura "rojo", que él solito deja tres o cuatro titulares para el tabloide y las conciencias de los presentes. Es capaz de darle un buen repaso a todo lo que se mueve -como lo hacían los papeles del currado altar con el viento cambiante de este domingo- y quedarse tan Blanco (Antonio Fernández) -como su apellido-. Es evidente que ni renunciará al hábito ni a sus ideas, aunque tiene toda la pinta de que lo haga a la Saínza.
Nada más comenzar la homilía aseguró que ya iba siendo hora de cambiar (lo) y poco antes de dar paso a la batalla ¿quizás lo hizo de forma escueta en una subliminal mensaje?: "Este cura acabou".
En medio, intercaló varios y contundentes primeros mensajes. Lo de robar no está bien -tenía a una suerte de alcaldes, parlamentarios y senadores detrás-.
El dinero público podría estar mejor administrado, y no emplearlo para propiciar diferencias o "recortes".
Y a la Gudiña a la que tanto quiere, Puente tiene que devolverle parte de los trenes que les quitó.
Aunque, su mejor y más clarificadora plegaria, previa a un simulado combate en el que aseguraba el narrador exconcejal díscolo "no vemos sangre en el campo de batalla, pero la hay"; fue, paradójicamente, la de rogar por la finalización de los graves conflictos en varios puntos del mapamundi, como "Palestina, el Congo, Yemen o Ucrania, todos fruto de la codicia del ser humano", de esa misma de la que pecaba el administrador del señor de la lectura del Evangelio, que casi lo lleva a la ruina -al potentado de las Sagradas Escrituras-.
No dudó en repetir un claro "free Palestine", curiosamente en los instantes previos a una batalla campal en la que los que pierden son los sarracenos, y en una Saínza en la que todo este año fue de todo menos "free" -en su acepción anglosajona de gratis-, por el empeño de su alcaldesa de hacer cumplir el orden vigente en materia de metros cuadrados ocupados -por los feriantes- y riesgos de toda índole -como atracciones con algún que otro peligro evidente-.
La charanga Támega, otro ya de los fijos como esta crónica a vuelo pluma, tampoco defraudó. Y Porto, el cantante, demostró que además de bailar y animar canta cada día más y mejor. Con "esa madre que nunca se cansa de esperar" honró, en la novedad y frente a la Virgen, a la patrona, en la que bien podría ser una nueva versión acústica que sonorizase el ya exitoso anuncio de Maruxa, la de Movistar.
Sigo si entender los fuegos de artificio a plena luz del día, pero tendré todo un año para hacerlo, el mismo que falta ya para la próxima crónica, porque un servidor como muchos -sugerencia del redactor de la competencia-, comenzamos ya a contar los años de Saínza en Saínza.